La calle de mi casa

La calle de la casa de mi infancia y adolescencia en Villa Mercedes, San Luis (Argentina), se llamaba –se llama– Sargento Baigorria. Pero ¿quién era él? ¿Por qué una calle lleva su nombre? ¿Por qué no se lo mencionaba en el colegio? ¿Por qué nadie hablaba de él? ¿Por qué era solo una calle y no una plaza, un monumento, un monolito?

No recuerdo cuándo escuché su nombre por primera vez, pero sí el momento en que le presté atención. Era marzo y ese día, o quizás el anterior, habían empezado las clases. Yo tenía seis o siete años. Fuimos con mi familia a comprar los útiles a una librería escolar ubicada “al fondo” de la avenida 25 de Mayo, cerca del Club Sportivo Mercedes, frente a una estación de servicio que siempre pareció demasiado grande para tan pocos surtidores.

Después de elegir los útiles, mi viejo, que por entonces era un pequeño empresario en ascenso, pidió que le hicieran una factura. La comerciante le solicitó los datos y ahí surgió una discusión absurda sobre el nombre de la calle.

Mi viejo dijo que era “Sargento Baigorria”. Ella le corrigió: Baigorria había sido granadero, no sargento. Mi viejo, que nunca se caracterizó por ser muy paciente, respondió que quizás lo habían ascendido y ella no se enteró, y que, en definitiva, no importaba demasiado porque la calle se llamaba Sargento.

Después de unos minutos de discusión, el asunto se resolvió –no sé cómo– y nos fuimos.

De la librera a la leyenda

Por alguna razón, esa escena quedó grabada en mi memoria. Con el tiempo, empecé a preguntarme quién había sido ese tal Baigorria.

Pasé toda la escuela sin volver a escuchar su nombre. Años más tarde, un amigo me contó su historia. Efectivamente, era granadero. Y no uno cualquiera: fue el héroe que salvó a San Martín en la batalla de San Lorenzo, en 1813.

Busto de Juan Bautista Baigorria, en Granadero Baigorria, Santa Fe

En esa localidad santafesina, el 3 de febrero, San Martín encabezaba una de las divisiones que enfrentaría a los realistas recién desembarcados. Un disparo mató a su caballo. El General cayó y quedó atrapado bajo el animal. Un soldado español corrió hacia él con la bayoneta lista. En ese momento apareció un granadero del Regimiento de Granaderos a Caballo, Juan Bautista Baigorria, que con un lanzazo detuvo al atacante y salvó a San Martín.

Después llegó Cabral, soldado heroico, y todo la historia que quedó inmortalizada en la Marcha de San Lorenzo. Pero Baigorria fue el primero en llegar. Era de San Luis y ninguna canción lo recuerda. El historiador Urbano J. Núñez lo llamó “el gran olvidado”.

Nació en El Chorrillo. Era mestizo: ranquel y criollo. Se convirtió en uno de los hombres más cercanos al Libertador e integró el Ejército de los Andes. Historiadores puntanos destacan que volvió a su tierra en 1826.

Como señalan Roberto Colimodio y Nora Costamagna en el libro Juan Bautista Baigorria. Mitos y verdades del heroico puntano que salvó a San Martín en San Lorenzo: “Nacido en nuestro suelo en 1790, de origen mestizo, nunca recibió honores y aún se duda sobre sus orígenes, su familia y termina en un halo de misterio el final de su vida. Su rastro se pierde documentalmente en el Ejército de los Andes, allá por 1818”.

La calle, el olvido, la memoria

La calle Sargento Baigorria es larga, atraviesa casi toda la ciudad. Comienza a metros del río V y termina en la dársena, siempre en paralelo a la avenida 25 de Mayo. A lo largo de sus cinco kilómetros no hay nada extraordinario, nada que no tenga otra calle cualquiera: casas, veredas amplias y veredas rotas, árboles, lotes baldíos, la parte trasera del Carrefour, viviendas sociales, un par de chalets, la casa de una exjueza, canchas de pádel, algunos carteles que dicen su nombre (un gracioso alguna vez le puso “Va y Gorria”), asfalto casi completo, las vías del tren, pocos comercios, talleres, perros que ladran y duermen en la puerta. No hay una sola referencia al héroe.

El mismo libro de Colimodio y Costamagna, explica que el ascenso de granadero a sargento nunca ocurrió. La librera tenía razón.

Pero hoy, la calle sigue llamándose Sargento Baigorria. Y su historia parece enterrada entre veredas rotas y casas anónimas.


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