La ciudad que no quería extranjeros

Al bajar en la escalera de la estación del metro Moscovskiy, en Nizhny Novgorod, con una Coca-Cola de medio litro en la mano, me paran dos policías. No voy a tomar el metro; solo quiero cruzar la avenida, algo imposible sin ese túnel. Uno de los efectivos, rubio y grandote, me habla. La otra es …

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