Holodomor: morir de hambre en el granero de Europa

  • Esta crónica y las imágenes fueron registradas en Kiev antes de la guerra

¿Una estatua puede conmover? La figura conmueve –y es una estatua–. Una niña de unos 9 años, brazos y piernas esqueléticos, pies descalzos, el rostro triste, fijo en un llanto que no cae. Las manos sobre el pecho aferran un espigal, como si temiera que alguien se lo fuera a quitar. Es de bronce, pero duele. Es la que recibe a los visitantes en el Museo de Holodomor, en Kiev, capital de Ucrania.

Holodomor: la hambruna

Holodomor en ucraniano y en ruso significa “hambruna” –y se pronuncia “golodomor”. Pero el museo recuerda una en particular: la que castigó a Ucrania en los años 30, cuando la naciente Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) transitaba sus primeros años y Iosif Stalin comenzaba a consolidar su autoridad.

Ucrania entre dos mundos

Cuando estalló la revolución de 1917 y cayó el zarismo en el Imperio Ruso, Ucrania ya aspiraba a ser un país independiente. Hubo un conflicto hasta 1922 con los revolucionarios soviéticos, que concluyó con la anexión de Ucrania al incipiente megaestado.

La URSS, en realidad, nunca pasó del inicio de la implementación del comunismo. Todo quedó en aquella primera fase, la de la “dictadura del proletariado” propuesta por Karl Marx, pensada como transición. La transición soviética duró más de 70 años y nunca completó la transformación.

Historias que duelen

El museo no tiene muchos elementos históricos, pero sí muchas historias. Hay cortometrajes, entrevistas, testimonios y otros recursos audiovisuales que permiten conocer la versión ucraniana.

Allí cuentan que Stalin, en parte por venganza hacia los sueños independentistas de Ucrania y en parte para reforzar la naciente nación, decidió expropiar toda la producción agropecuaria y repartirla en el resto del país. Además, negó a quienes producían los alimentos la posibilidad de acceder a ellos. Así, la población empezó a morir de hambre.

Los campesinos eran obligados a trabajar en granjas colectivas, y quienes se negaban, según los historiadores ucranianos, eran enviados a Siberia.

Los documentales discrepan sobre la cifra de víctimas, pero el número es simbólico y aterrador: murió gente. Mucha. De hambre y de enfermedades derivadas de la desnutrición. Y todo, acusan, por una decisión política.

Antes de la URSS

Ucrania pertenecía desde antes al Imperio Ruso. Los zares permitieron el ascenso de terratenientes que mantenían a campesinos como esclavos. La revolución llegó con la premisa de que “la tierra es de quien la trabaja” y abolió la esclavitud.

Durante el Holodomor, los soviéticos acusaban a los antiguos terratenientes de sabotear la producción y la distribución de alimentos. A los ucranianos esa historia no los convence.

Desgarradoras imágenes

Los cortometrajes cuentan historias de personas comunes. Las imágenes, aunque se trate de ficción, son desgarradoras: madres que preparaban sopas con semillas, niños que morían débiles, adultos sin salida. Muerte, desolación, desesperación, pobreza en su máxima expresión, dolor, más muerte.

La hambruna y la prensa

El museo sostiene que la historia del Holodomor estuvo oculta para Occidente durante 60 años, hasta el fin de la URSS. Señala incluso al corresponsal del New York Times en Rusia, Walter Duranty, a quien acusan de no enviar reportes sobre el tema.

En 1932, año en que comenzó la hambruna, Duranty ganó el premio Pulitzer, el más prestigioso para un periodista. Solo hubo dos periodistas que sí reportaron aquellos hechos, según la historia ucraniana, pero sin demasiada trascendencia.

En 2003, los ucranianos pidieron al comité que entrega los Pulitzer que revocara ese premio. Era simbólico: Duranty había muerto en 1957 y los artículos premiados eran de 1931. La solicitud no prosperó.

El granero de Europa

A Ucrania también la llamaron “el granero de Europa”, sobre todo luego que se encontrara evidencia de que proveía cereales a la antigua Grecia. Eso hace que pensar en una hambruna allí parezca descabellado. Pero existió.
El gobierno soviético negó que existiera tal situación y rechazó recibir “ayuda humanitaria” de otros países europeos. Aunque conviene recordar que los gobiernos europeos no estaban sobrados de humanidad, y mucho menos con el “régimen soviético”.

Odio que perdura

La historia de la hambruna es solo una, aunque tal vez la más horrorosa, de las razones que marcan el odio que los ucranianos sienten hacia los rusos. Aunque ya no esté Stalin ni el régimen soviético. Ni Duranty.

Ucrania nunca quiso pertenecer, según los museos, los monumentos y las voces de sus habitantes. Las diferencias con Rusia son históricas y actuales: en algunos negocios de Kiev se vende papel higiénico con la cara de Vladimir Putin, y cuando un ucraniano te saca una foto para que sonrías, te dice: “¡Vladimir Putin mother fucker!”.

“¡Qué bien! Tú puedes ir a Ucrania; para mí sería un problema”, me comentó un interlocutor en el tren de San Petersburgo a Bielorrusia. Con los conflictos eternos entre ambos, la frontera ucraniana suele ser inexpugnable para los rusos.

La tragedia en pocas palabras

Más de un año duró todo aquello. Lo suficiente para causar muerte y sufrimiento en proporciones inimaginables. Un documental del museo lo resume así: “La mayor tragedia de nuestra historia. No fue una guerra, no fue un desastre natural. Fue una decisión política”.

Ese lema pertenece al guion del museo antes de la guerra con Rusia que comenzó en 2022, cuando todavía podía sostenerse que el Holodomor había sido la herida más profunda de Ucrania.


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